| Yo
soy Kryon del Servicio Magnético. ¡Tú eres inmensamente
amado!
¿Cuántas veces has oído estas palabras, las
has leído a través de mi socio norteamericano Lee,
y ahora las sientes y te son ofrecidas por Ángelo, mi socio
aquí en Italia.
Estoy inmensamente feliz, estamos todos inmensamente felices por
este glorioso evento que difundirá su luz y su voz, además
de a ti que lees, a todas las personas presentes en el mundo, a
todos los que buscan un camino y todavía no lo han encontrado,
a quienquiera que investigue a cualquier nivel: también a
ellos llegará la energía de esta canalización.
Lo primero que quiero decirte es que el trabajo que pretendo desarrollar
con Ángelo es darte indicaciones a fin de que puedas, cada
vez más, transformar en activo dentro de ti lo que hasta
ahora era pasivo: tratar de convertirte en sujeto, un individuo
espiritual, una presencia espiritual que comprenda más allá
de los razonamientos, más allá de la mente.
Para ayudarte a entender mejor lo que intento decirte, te daré
un ejemplo:
Como sabes, mi frase inicial es “Yo soy Kryon del Servicio
Magnético”. Tú sabes que el lenguaje se creó
para fijar conceptos, para cristalizar ciertas cosas, pero en realidad
la evolución, la energía, el espíritu, son
cosas que están siempre en movimiento, y debes comprender
que en la utilización del lenguaje hay siempre un proceso
de movimiento. Entonces, cuando digo “Yo”, me refiero,
en mi caso, a una entidad, una energía que vibra, que se
mueve y que está en constante movimiento.
Si un ser humano como tú, que vive en un cuerpo físico,
dice “Yo”, no se piensa pero se sabe que ese “yo”
se refiere a su parte emocional, su parte mental, su parte emotiva,
su amor, sus necesidades. Cada vez que dices “Yo” usas
ese término para representar aquel proceso continuo que tú
eres. Por lo tanto: tú eres un proceso en movimiento. ¿Qué
significa ser un proceso en movimiento? Significa utilizar siempre
más y mejor las propias capacidades, la propia potencialidad
y creatividad. Ser un proceso en movimiento significa fluir con
la energía, fluir con la existencia y fluir con todo aquello
que es.
Ahora bien, para llegar a un sitio cualquiera, tú partes
de tu casa, tomas el coche y cumples un proceso en movimiento, un
traslado en el espacio y en el tiempo para alcanzar un lugar prefijado.
Para ti es fácil entender esto cuando lo aplicas a las cosas,
es fácil pensar que debes trasladarte con un medio. Es fácil
pensar que cuando te desplazas a pie, tú también usas
un medio, que son tus piernas. Sin embargo, cuando piensas en ti,
en tu parte emocional, cuando experimentas emociones, tomas estas
emociones y te detienes en ellas: sientes rabia, alegría,
tristeza. Experimentas estas emociones y es como si en tu casa colgaras
un cuadro y lo miraras, de manera estática, de modo amorfo.
En realidad, las emociones que forman parte de su ser, son más
parecidas a un río que fluye, o un coche que corre, es un
proceso que ocurre.
Entonces, para volver más activa tu participación
con respecto a la emoción, te invito a observar en cada momento
lo que te ocurre –tanto interior como exteriormente–
tratando de encontrar en cada pequeño detalle una enseñanza.
Empieza a utilizar lo que te ocurre como una serie de símbolos,
de indicaciones que te ayuden a explicar hacia dónde está
yendo todo tu ser, a dónde se dirige, cómo se comunica
con el resto. Tú estás acostumbrado, repito, a hacer
esto exteriormente.
Cuando debes cumplir un trayecto, miras el mapa de ruta, sabes por
dónde deberás pasar. No se te ocurriría subir
al coche y quedarte quieto con la llave puesta, sin poner en marcha
el vehículo porque cualquiera te tomaría por loco.
Podrían decirte: “¿Pero qué estás
haciendo? Para ir desde tu casa al lugar que debes llegar, debes
poner el coche en movimiento, debes conducir, debes partir y debes
ir”.
En cambio, con tus emociones es como si subieras al coche, cerraras
la puerta y te quedaras quieto con la llave puesta. Con tus emociones
te paras al primer momento, no les permites fluir, no les das modo
de expandirse. En cambio, necesitas comenzar a vivir este primer
proceso, y las emociones son de las cosas más fáciles
que te ocurren. Entonces, comienza a sentir tus emociones y a vivirlas
–poco a poco, momento a momento– como algo que viaja,
como algo que va, tal como podrías hacer un viaje en coche.
La dificultad que puede surgir –y que surge en las personas–
es identificarse con los estados de ánimo, tus propios estados
de ánimo. Unas veces estás gentil, positivo, cariñoso
y amoroso. Son emociones, sentimientos positivos y todo va bien:
el cuadro es bello. Otras veces estás menos bueno, un poco
enfadado, un poco frustrado, un poco atormentado: el cuadro entonces
es menos bello, pero es.
Si alguien te preguntara “Pero tú, ¿eres tus
emociones?” Tú pensarías un instante y dirías:
“No, yo vivo mis emociones”. Entonces, la dificultad
que tienes para hacer fluir tus emociones es la identidad que les
adjudicas. Trata entonces de vivir tus emociones y tus estados de
ánimo, fluyendo con ellos; un día son bellos, otro
día son menos bellos, son un ciclo continuo, como la vida.
Esto que digo para las emociones, obviamente vale para tus pensamientos.
¿Cuántas veces un pensamiento te ha limitado en la
vida? Por ejemplo: la idea de no poder hacer una cosa y luego un
día, imprevistamente, te pones a hacerla y descubres que
puedes, y te sonríes de ti mismo, del condicionamiento que
has cargado durante tanto tiempo.
Lo mismo te puede pasar con cualquier cosa más practica,
con respecto a tu cuerpo físico: cuando te empeñas
en algo que verdaderamente te interesa, tu físico responde,
te sigue, te sostiene.
Entonces cuál es el mecanismo que dispara un proceso dinámico
en ti: es el aprecio y el amor por la vida.
Demasiadas veces olvidas la bendición, la beatitud, la peculiaridad
que tienes al vivir en un cuerpo humano. El hecho de poder respirar,
de poder sentir el calor, el frío, el hecho de poder nutrirte,
enojarte, sonreír, de poder vivir en este planeta en un cuerpo
físico – éstos son principios energéticos
que conoces solamente a nivel teórico. Esta vida tuya, en
este planeta, es una bendición enorme. Trata de sentirte
siempre más vivo, incluso cuando las cosas parecieran no
ir por el carril correcto. Lo que es extremadamente importante es
sentir la vida momento a momento, tocar, apretar, abrazar, sonreír,
reír. Puedes hacerlo porque estás en este cuerpo.
Cada uno de ustedes, que es inmensamente amado, lo es también
por el hecho de haber aceptado venir a esta Tierra, vivir su historia
evolutiva –a veces más lenta, a veces más veloz–
no es un problema: cada uno de ustedes llega, antes o después.
El hecho es que consideras que has llegado cuando en tu evolución
para ti tiene importancia solamente el mundo espiritual. Cuando
comienzas a sentir las cosas espirituales como importantes y configuras
toda tu vida de un modo espiritual, entonces consideras que has
llegado. Has abierto tu mente, has abierto tu corazón, estás
lejos de las cosas materiales. Bien, ésta es una etapa importante
del camino, sin embargo es sólo una etapa. En esta fase,
alcanzada esta etapa, te “olvidas” de la contraparte:
del mundo material. Y a veces es un poco gracioso cómo las
personas viven su relación con el mundo, su relación
con el cuerpo.
Durante años lucharon por deshacerse de los condicionamientos
y los bloqueos, por liberarse, y una vez que han conseguido una
cierta mejora, una cierta capacidad de movimiento, una cierta capacidad
expresiva, una cierta conciencia, en lugar de disfrutar de este
momento, de esta gloria, empiezan a pensar en el mundo espiritual,
que es una cosa magnífica. Es lo mejor que una persona puede
hacer: poner la espiritualidad en la vida cotidiana, pero recuerda
que una gran parte de la espiritualidad nace de la alegría,
del contento, de la felicidad, de la capacidad de sentir que posees
un cuerpo; mejor dicho, tú vives de los pensamientos, de
las emociones y de los estados de ánimo. Actúas y
vives físicamente del mejor modo posible, uniendo tu parte
física a tu parte espiritual. Ésta es la magia y el
secreto, más allá del resultado que puedas obtener
pues, especialmente en Occidente, en América, en Europa,
en Italia, generalmente se valora y se juzga en base al éxito.
Yo te digo: el verdadero éxito es el empeño que tú
le pongas al vivir. Es esto lo que te eleva espiritualmente. Tener
un contacto espiritual es importante. Tener una relación
con la Tierra, con tu cuerpo es igualmente importante, esto te equilibra:
también porque sabes bien que nos dirigimos a una época
en la que cobra cada vez más importancia el trabajo que hago
aquí –o sea, cambiar la energía del planeta,
traer esta nueva energía para cortar todos los lazos con
el pasado–. Es justamente por esto que hace falta que conjugues,
que unas la parte material a la parte espiritual. Si escapas demasiado
hacia delante, hacia la espiritualidad, dejando atrás el
contacto con tu cuerpo y con la Tierra, sin vivir como un proceso
las emociones, los pensamientos y tu cuerpo físico, harías
como una persona que se apoya casi exclusivamente en una pierna
y luego, cuando trata de mover la otra, le cuesta muchísimo.
Por lo tanto, trata de empezar a acercarte a tu espiritualidad,
comenzando a vivir y a disfrutar de tu cuerpo, como un proceso en
movimiento.
Estos dos valores –la existencia espiritual y la existencia
de un cuerpo físico– te permiten ser el hombre, la
mujer, el niño de esta nueva energía, de esta Nueva
Era.
Si tomas la figura de un hombre, tiene dos brazos y dos piernas,
independientes entre sí y gobernadas por un único
centro que es el cerebro. Tú los utilizas al mismo tiempo,
especialmente las piernas cuando corres o caminas, pero ni se te
ocurriría amar más a una pierna que a la otra, porque
sabes que ambas son necesarias para moverte. Y es singular el hecho
de que, siendo ambas funcionales, están gobernadas por un
único órgano que es tu cerebro. Si trasladas este
razonamiento a la espiritualidad, tienes un centro –tu energía–
que se sirve todo lo que tiene a su disposición, incluyendo
tu cuerpo físico, para experimentar y evolucionar. Este centro
tiene su contraparte espiritual y su contraparte física,
ya que estar en relación con tu cuerpo, estar en relación
con la Tierra, es tan importante como estar en relación con
el Espíritu. Cuando has alcanzado este equilibrio, este balance,
finalmente eres el hombre total, el hombre de la Nueva Era, de la
nueva energía, de la nueva espiritualidad.
Nos acercaremos cada vez más a una época en la que
esta alianza con el cuerpo será cada vez más relevante.
Pero como ustedes son los pioneros de esta Nueva Era, de estos nuevos
años por venir, de estos miles de años que vendrán,
está bien que tú ya comiences a echar las semillas,
de modo que los que te sigan puedan comprender mucho más
rápidamente y seguir el sendero trazado por ti para que evolucionen
apropiadamente.
Es como en la naturaleza: tú eres la semilla que echa raíces,
tu estableces las bases para las futuras generaciones, que son los
frutos y las flores. Ahora tú puedes ser conciente de cuán
útil es para los demás el ser la semilla que florece.
Ser tú mismo, estar finalmente centrado, te permite comenzar
a vivir a pleno el deber que tienes en esta Tierra. Cuando vives
tu deber sobre esta Tierra, sin hacer casi nada, sin siquiera necesitar
moverte, logras interactuar con las otras personas. Logras cooperar,
co-crear eso que es deseable co-crear, aquello que es deseable hacer.
Ya no será la intención del ego, ya no será
una voluntad férrea, sino que será un fluir, un fluir
en conjunto. Esto es importante. Pero, repito, el tránsito
principal es aquél que comienza a crear conciencia a través
de la observación de todos tus procesos físicos. Comienza
por las emociones, considera los pensamientos, el movimiento del
cuerpo, los sueños, y al mismos tiempo, sé conciente
también de ser más que estos aspectos. Es como si
fueras una gran cesta dividida en dos compartimientos: por un lado
está el compartimiento espiritual y por el otro, el compartimiento
físico, y tú los mantienes y los llevas juntos, a
la par. Mientras los sostienes, los usas y los llevas a la par,
evitas identificarte con tu parte física y con tu parte espiritual.
Tú eres las dos y, al mismo tiempo, eres más que ellas,
tú eres el que dirige la cesta, tú eres UNO e INDIVISIBLE,
un proceso en movimiento que utiliza cada parte de la existencia
física y espiritual para evolucionar en la conciencia. Esta
es además mi verdadera esencia, la esencia de Kryon, un proceso
en movimiento que utiliza cada parte de la existencia para ayudarla
a evolucionar en la conciencia, y ayudando a la existencia, te ayudo
a ti a evolucionar.
La espiritualidad, la canalización, esto que estamos haciendo
juntos, es intentar comunicarte las informaciones adecuadas para
que puedas vivir prácticamente, cotidianamente, lo que te
es dicho, sobre todo aquello que te es dado. A través de
estas páginas, se te hace una oferta muy preciosa. Se te
ofrece ser libre de ejercitar tu presencia interior crítica,
el sentir intuitivamente qué te puede hacer bien, respecto
de aquello que debe ser dejado de lado, porque en este momento no
es algo que tenga que ver contigo pero, quizás, tiene que
ver con otro lector u otra lectora. Sé conciente del hecho
de que tú puedes tomar la energía de lo que para ti
es adecuado tomar. El resto llega luego con el tiempo, si es adecuado
para ti que llegue. Para ti es más importante percibir, más
allá de las palabras, la energía que quizás
hay dentro de ti en este momento. La energía que, quizás,
estás percibiendo en alguna parte de tu cuerpo. Puede ser
en los pies, en el estómago o en el corazón; y las
vibraciones que, quizás, te están entrando y que te
ayudan a transformar: ésta es la energía sutil que
te está llegando. Para proceder a trabajar con la sutil energía
de transformación, es mejor que sigas un método bien
definido. Comienza poniendo por escrito por qué parte deseas
empezar el trabajo sobre ti mismo. Trata de ver si te es más
fácil comenzar observando tus emociones como un proceso,
o si te es más fácil comenzar por los pensamientos,
o por el contrario si te es más fácil comenzar por
las acciones, sobre todo si te es más fácil comenzar
por las intenciones, porque una persona también puede equivocarse
al actuar, pero puede equivocarse de buena fe. Puede tener una intención
positiva y luego su acción resulta equivocada – no
es un problema, ya que es la intención la que cuenta.
Y es éste el trabajo que quiero hacer a través de
Ángelo. Y lo he elegido precisamente a él para esta
fase de trabajo para que, juntos, podamos ser un estímulo
para ti, comunicándote cosas que te ayuden a crecer, a comenzar
a tomar confianza con los procesos de tu cuerpo: es el primer paso
para poder emprender un proceso con el resto de la vida, de la existencia.
Quizás tú, que estás leyendo, has hecho cosas,
has andado caminos, has recibido enseñanzas, muchas enseñanzas.
Mi invitación es tomar ahora las enseñanzas que has
recibido, hacer una lista y ver aquéllas que a ti te parezca
que llevan adelante. Es importante también que empieces a
volverte selectivo respecto a lo que te sirve, no puedes almacenar
cosas continuamente: explotarías. Ha llegado el momento de
empezar a elegir aquello que te conviene elegir. Simplemente debes
relajarte, cerrar los ojos y preguntarte –entre las cosas
que has hecho– aquélla que te resuene más en
este momento. Escucha a tu corazón, escucha la respuesta
que te da. Puedes probar hacerlo, si lo deseas, cuando tienes incertidumbres,
confusiones, dudas, y quieres saber qué es lo que más
te conviene para tu evolución en este momento. Puedes aprovechar
este momento, este soporte energético, para relajarte, cerrar
los ojos y dejar caer la pregunta en tu corazón... para oír
la respuesta que llega de tu corazón. Mientras oyes la respuesta
que te llega del corazón –como imagen, sonido, sensación
o como intuición– sé conciente de ser un espíritu
que habita en un cuerpo y, como espíritu que habita un cuerpo,
alégrate y disfruta de la existencia de este cuerpo, y vive
lo absurdo de la comedia de la vida humana como espectador y como
actor. Puedes volverte equilibrista y divertirte con tu vida, entrar
y salir de tus situaciones, considerando que todo lo que te sucede
te sirve para aprender: nada sucede sin sentido, todas las cosas
están allí para enseñarte algo; y cuanto más
vives la alegría de tu existencia –además de
espiritual y física– más se abren las puertas
para ti. Es como si entrases en un laberinto. Un laberinto es una
estructura horizontal en la que hay un punto de entrada y de salida:
la salida la encontrarás trabajosamente, dando vueltas y
más vueltas, avanzando y girando en ese laberinto.
Pero en lo que respecta a tu evolución, hay que añadir
una cosa: debes considerar un laberinto – en una casa, aunque
de siete plantas, donde en cada planta hay un laberinto. Tú
entras en la primera planta, te dejas ir, te relajas y encuentras
la primera salida, siguiendo tu corazón, tu intuición.
Tú fluyes con este proceso en movimiento que eres y cuando
encuentras la primera salida, en lugar de salir horizontalmente,
sales verticalmente y entras en el segundo laberinto. Aquí
también das vueltas, enfrentas problemáticas diversas,
diferentes cosas y luego, cuando resuelves este pasaje, llegas a
la tercera planta. Así, subes siempre más arriba.
La clave para seguir subiendo más alto es la alegría
por tu existencia, tu presencia en la existencia, el balance de
tu vida física con tu vida espiritual, intentar involucrarte
menos con los asuntos de la vida a nivel físico y considerarlos
como algo que te sucede para obtener una enseñanza espiritual.
Viviéndolos como enseñanzas espirituales, y subiendo
una planta por vez, descubres quién eres en realidad, cuál
es tu misión sobre esta Tierra y cómo influirá
esto –además de en ti mismo– en los demás
y en toda la existencia. Tu proceso en movimiento es un proceso
de influye en toda la existencia. Mediante tu proceder, tienes una
relación de interdependencia con la existencia. Esta es la
clave pero, repito, esta clave se vive cotidianamente, empezando
por examinar un nivel, quizás las emociones, empezando a
poner en movimiento ese coche en el que estás sentado y con
la llave puesta, todavía quieto, esperando que se ponga en
marcha el motor. En el momento en que uses la emoción como
un medio para evolucionar –así como puedes usar los
pensamientos, tu cuerpo, tus sentidos– giras la llave, el
motor se enciende y tu partes, aprendiendo a usar y a volver activo
lo que hasta ahora era considerado pasivo, justamente, como las
emociones, los pensamientos, los sentimientos, los sentidos, el
cuerpo.
Has nacido de un acto de amor, vienes de la luz y te encuentras
en un cuerpo. Obviamente, muchos han olvidado el contrato que establecieron
antes de venir aquí, y de muchos modos les parece vivir una
vida completamente casual, siendo sacudidos o golpeados de aquí
para allá como una bolita de flipper, como un trompo. Pero
en realidad, en el momento en el que comienzas a tomar conciencia,
entiendes –más allá de las palabras– lo
que yo quiero decirte. En el momento en que pones las manos sobre
tu conciencia, empiezas a fluir con las cosas. Durante un cierto
periodo de tu vida, tienes la impresión de ser tú
mismo el que induce los acontecimientos, pero en el momento en que
empiezas a fluir con la existencia, comienzas a disfrutar de la
nueva energía, empiezas a entender cuáles son las
ventanas de oportunidad que se abren en tu camino, y cuando llegas
a este punto, son los acontecimientos los que te arrastran. Pero
hace falta partir de la base.
Para ayudarte a partir de la base, querría hacer una aclaración
sobre otro proceso en movimiento, sobre una palabra que se usa muy
a menudo: esta palabra es “amor”. El amor es la fuerza
más grande que existe, el amor es un proceso en movimiento.
Ahora te pregunto ¿cuál es la forma de amor más
pura que puedas encontrar? La forma de amor más pura que
puedas encontrar es aquélla que te lleva a dar, sin esperar
nada a cambio. En el momento de tu vida en que estés tan
colmado de energía, de apertura, de luz – cuando eres
rico internamente, cuando estás alegre y disfrutas de tu
vida espiritual y física, tú estás lleno. En
ese punto tú das, no esperas ya nada a cambio, y la magia
es que luego las cosas empiezan a llegar. El amor más puro
es aquél que das a los hijos, el que das a las personas que
tienes a tu alrededor, cuando eres capaz de dar sin esperar a recibir.
El amor es un proceso, sin duda es un proceso, es una energía,
algo que mueve, algo que fluye. Cuando dos personas realizan un
acto sexual, hablan de hacer el amor. Pero esta es una expresión
equivocada, el amor no es algo que se hace, el amor es algo que
ocurre, un acontecimiento. Cuando estás enamorado, a cualquier
nivel –puedes estar enamorado de tu perro, de tu trabajo,
de tu mujer, de tus hijos, enamorado de Dios, no importa el sujeto
de tu amor– lo que importa es aquello que sucede dentro de
ti, el proceso que este sentimiento suscita dentro de ti. En el
momento en que tú amas, te estás proyectando hacia
fuera constantemente, esto te sucede, generalmente, cuando estás
enamorado. Esto te ocurre más fácilmente cuando estás
enamorado de una persona física, pero puede ocurrir también
cuando estás enamorado de tu perro, porque amando esperas
la aprobación, la participación de la otra persona,
y de esta manera te proyectas hacia afuera y pierdes el punto fundamental.
¿Cuál es el punto fundamental? Es que la otra persona,
Dios, los ángeles, tu perro, son el medio por el cual dentro
de ti empieza a fluir algo. Entonces, cuando estás enamorado,
en relación con alguien, debes agradecer a este alguien por
el hecho de que esté haciendo brotar de ti la energía
para amar. Pero debes volver a tu interior, debes vivirte, estar
presente en la transformación que el amor opera dentro de
ti, hasta hacerte descubrir la fuente de tu amor, entender que la
fuente eres tú y que el “otro”, el “externo”,
es sólo el pretexto para hacer brotar y suceder el amor.
Cuando el amor ocurre dentro de ti, te colma hasta un punto tan
elevado que este amor te desborda y fluye hacia las personas amadas
por ti: a los hijos, al perro, a Dios. Es una relación completamente
distinta: amar cuanto estás pleno, cuando estás colmado,
en lugar de ser un mendigo que pide siempre con un jarrito. El amor
es un proceso y, de ahora en más, más allá
de considerar obviamente la parte externa, trata de amar considerando
aquello que sucede dentro de ti cuando amas, porque el amor es un
proceso que, sobre todo y principalmente, te pone en relación
contigo mismo.
Y del amor que tienes, en relación contigo mismo, brota el
verdadero amor que puedes experimentar por todo lo que existe. Cuando
ames, ama cualquier cosa: la tierra, la naturaleza, todo lo que
existe y, también en este caso, no eres tú quien hace
el esfuerzo de dar amor, es el amor el que fluye.
Quisiera darte otro ejemplo para que esto dentro de ti sea claro.
Cuando estás en el agua –puede ser en el mar, o en
el río– el agua te mece y te lleva. Tú no nadas,
sino que simplemente te dejas llevar al punto al que deseas llegar,
flotando sin esfuerzo.
Cuando te hablo de poner en marcha el proceso dentro de ti, de activar
en tu interior aquello que está dormido, de estar atento
a lo que te sucede por dentro, de estar atento al amor que brota
de ti y de vivirlo como proceso, intento exactamente esto: que te
dejes llevar por el proceso en movimiento hasta que llegues, ciertamente,
adonde debes llegar. De otra manera, queriendo a toda costa ser
tú el que actúa, te llevas a nadar siempre en contra
de la corriente; y nadar contra la corriente puede agobiarte, agobiar
los demás, agobiar a todas tus relaciones de cualquier tipo.
Deja que el amor fluya de ti y date cuenta del amor que emana de
ti mismo, del proceso que ocurre en tu interior mientras amas. Esto
te lleva a otro logro muy importante.
Te lleva a vivir una situación de quietud y silencio interior
muy profundo. Y cuando estás en silencio, Dios te habla,
toda la existencia te habla: un árbol, una rosa, una flor
te habla. Pero si siempre estás atado a tus pensamientos,
a tus emociones y no los vives como procesos sino como cuadros estáticos,
y estás centrado en mirar tu cuadro. Si en cambio eres fluido,
estás en relación con el amor profundo dentro de ti,
se crean el silencio y el espacio. Entonces, y sólo entonces,
la existencia puede hablarte. La existencia ocurre y te habla a
cada instante: las plantas te hablan, las paredes te hablan, las
sillas te hablan y el suelo te habla. La vibración sutil
de la nueva energía te habla. Si haces silencio y te centras
en el amor, en la fuente de tu amor, todas las cosas te hablan y
puedes sentir cada vez más el trabajo energético que
yo, y las otras entidades, hemos preparado para ti sobre la Tierra:
todo está relacionado, y cuando tienes el silencio en tu
interior, todo ocurre.
Es por esto que yo, a través de Ángelo, he realizado
esta canalización para ti. Estoy aquí contigo para
comenzar a ayudarte a que entres en este proceso, para que lo refines,
o que lo aceleres, según tu nivel de conciencia. Sé
la semilla que tú, si quieres, puedes poner en tu interior
y hacerla germinar y florecer hasta que se transforme en algo práctico,
algo que se puede vivir, que pueda ser o que pueda ser dado.
En este momento te estoy abrazando, y mi vibración se confunde
con la tuya, y permite que en este abrazo el silencio te de una
intuición profunda, más allá de las palabras,
de lo que es mi intención comunicarte a través de
estas páginas... por unos instantes quiero hacer hablar a
la energía y hacer hablar al silencio.
¡¡Eres inmensamente amado!!
Canal: Angelo Picco Barilari
Título original: Tu sei un processo in movimento
Traducción: Dania Witte
Edición: Cultivando el Espíritu – http://www.cultivaelespiritu.com.ar
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